Miguel Alemán Valdés nació en Sayula, Veracruz, el 27 de septiembre de 1903. Licenciado en Derecho en 1928. Representó ante los tribunales el interés sindical de trabajadores mineros, petroleros y ferrocarrileros. Fue Consultor de la Secretaría de Agricultura, Magistrado del Tribunal Superior de Justicia del Distrito y Territorios Federales. Senador de la República, Gobernador Constitucional del Estado de Veracruz (1936 – 1940).
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Breve Semblanza Al sur del Estado de Veracruz, en el pueblo popoluca de Acayucan, municipio del mismo nombre, nació el General Miguel Alemán González en el año de 1884, precisamente cuando iniciaba su segundo período presidencial don Porfirio Díaz. Fueron sus padres Cristóbal Alemán y Francisca González, oriundos del mismo rincón veracruzano, y dedicados a las labores del campo. A pesar de ser una época difícil, en la que las escuelas eran muy escasas, sobre todo en los pequeños poblados, el niño Miguel Alemán González, merced a los esfuerzos de sus padres, recibió una sólida preparación académica bajo la guía del profesor Benito Barriobero, hombre culto y de avanzado pensamiento, quien no sólo le enseñó las primeras letras, pues también habría de inculcarle los principios de justicia social y fervor patriótico que modelarían su carácter, así como la afición por la lectura. Concluidos los estudios primarios, el joven Alemán distribuía su tiempo entre las labores del campo y el estudio personal, gracias a los libros que le proporcionaba su antiguo maestro. Su ejemplar comportamiento, valor cívico y talento, muy pronto le valieron la confianza de autoridades y pueblo entero, quienes le confiaron la Tesorería Municipal de Acayucan. Simultáneamente al desempeño de este cargo, Miguel Alemán González colaboró por algún tiempo como supervisor en la instalación de las vías del Ferrocarril Interoceánico, labor que le obligó a aprender telegrafía y que años más tarde le sería de gran utilidad para recibir y transmitir mensajes durante la Revolución. A principios del siglo XX, Miguel Alemán González contrajo matrimonio con Tomasa Valdés, originaria de Oluta, poblado muy cercano a Acayucan. El joven matrimonio estableció su hogar en Sayula, situado a unos diez kilómetros de Acayucan. En su nuevo lugar de residencia Miguel Alemán González instaló una tienda de abarrotes, no muy grande pero sí lo suficientemente surtida como para abastecer las necesidades de aquella población. El primer año de su estancia en Sayula transcurrió apaciblemente, entablando numerosas amistades lo mismo entre los sayuleños que con vecinos de otros pueblos de la región, muchos de quienes visitaban al joven comerciante no sólo para adquirir algún artículo, sino también en busca de consejo. Sayula fue para Miguel Alemán González la tierra más entrañable, pues en ella nacerían sus hijos Antonio, Miguel y Carlos y donde, asimismo, se incorporaría a la lucha revolucionaria. La fama de comerciante honrado, hombre culto y amigo de todos, nuevamente le valió que las autoridades pensaran en él, esta vez para designarlo Comandante de la Política de Jaltipan, municipio localizado en la región de Los Tuxtlas, muy cercano a Sayula. Debido a estas circunstancias Miguel Alemán González hubo de abandonar temporalmente el comercio, haciéndose cargo de la tienda su esposa Doña Tomasita. Eran tiempos difíciles para el país, agravados por los trágicos sucesos de Cananea ocurridos el 1º de junio de 1906, los cuales conmovieron profundamente a toda la población mexicana y desencadenarían varios brotes de rebelión contra el régimen porfirista. Los campesinos de la región de Los Tuxtlas, en el Estado de Veracruz, fueron los primeros en tomar las armas. Dicho levantamiento fue encabezado por el General Hilario C. Salas, oaxaqueño establecido en tierras veracruzanas y quien, como miembro del Partido Liberal Mexicano, desde 1905 ya hacía proselitismo para iniciar una revolución para derrocar a Porfirio Díaz. Al enterarse Miguel Alemán González del levantamiento armado, y plenamente convencido de que la intolerable situación demandaba los esfuerzos del mayor número posible de mexicanos, decidió incorporarse a las filas revolucionarias. Así, el 5 de septiembre de ese mismo año, tras comunicar a la familia su valerosa decisión, se puso a las órdenes del General Salas junto con el grupo de rurales bajo su mando. Desde ese momento, el Teniente Miguel Alemán González –grado militar que le otorgó Hilario C. Salas en reconocimiento a su adhesión-, no descansaría ya en su lucha contra el régimen profirista, siendo una de las figuras más representativas del naciente movimiento revolucionario. En Acayucan, cuna de la Revolución, contra Porfirio Díaz convocada por el Partido Liberal en el Estado de Veracruz se le unieron a Hilario C. Salas, además de Miguel Alemán González, Enrique Novoa, Ramón Marín, Pedro A. Carvajal, Constantino Gilbert y Sotero Vargas, entre otros, quienes tenían como bandera “el mejoramiento del pueblo más necesitado y sufrido: el campesino”. De esta manera, históricamente puede afirmarse que el movimiento agrario veracruzano fue el primero que respondió al llamado del Partido Liberal Mexicano, dirigido por Ricardo Flores Magón, Antonio Villarreal y Juan Sarabia. Un mes después, las fuerzas del General Salas, reunidas en San Pedro Soteapan, decidieron atacar simultáneamente Acayucan, Minatitlán y Puerto México. Sin embargo, sólo se libró batalla en la plaza de Acayucan con resultados negativos, pues la superioridad numérica de los federales obligó a los revolucionarios a refugiarse en la sierra en espera de una mejor oportunidad. La mecha de la revolución había sido encendida, múltiples núcleos de insurrección se extendían ya a lo largo del territorio nacional, mas la respuesta del gobierno porfirista no se hizo esperar, y envió poderosos contingentes para combatir a los rebeldes veracruzanos, muchos de los cuales fueron aprehendidos y condenados a largos años de prisión en las mazmorras del Castillo de San Juan de Ulúa, en el Puerto de Veracruz. El alzamiento revolucionario de Acayucan fue de los más castigados, no en balde había dado origen al primer programa social formulado después de los incidentes de Cananea, y aun podría afirmarse que constituyó un antecedente del Plan de San Luis, concebido por Madero en octubre de 1910, cuyo lema defendía el “sufragio efectivo y la no reelección”. Entre tanto, Miguel Alemán González, involucrado de lleno en la causa revolucionaria, repartía su tiempo entre la Comandancia de Policía de Jaltipan, la tienda en Sayula y la conspiración contra el régimen. Para esto último, en la trastienda de su almacén, donde guardaba la mercancía, solía reunirse con sus correligionarios, simulando que se realizaban allí los ensayos de una pequeña banda de música. A partir de 1908, el Teniente Alemán González, con el General Salas y los hermanos Ricardo y Jesús Flores Magón se habían adherido ya al movimiento maderista; los primeros se internaron en la Sierra de Soteapan y, durante largo tiempo, aunque a salto de mata, dieron mucho que hablar, sin lograr ser atrapados. Posteriormente al triunfo del maderismo, Miguel Alemán González, ya con el grado de capitán, continuó prestando sus servicios bajo las órdenes del General Manuel Palacios, hasta que el 25 de agosto del 1911 fue incorporado a la Guardia Cantonal de Acayucan, quedando nuevamente bajo el mando de su amigo el General Hilario C. Salas. En vista de tal designación el Capitán Alemán González se trasladó con su familia al pueblo que lo vio nacer, instalando su residencia muy cerca de la casa de sus padres Don Cristóbal y Doña Francisca. Apenas enterado el General Salas de los asesinatos del Presidente Madero y del Vicepresidente Pino Suárez, perpetrados el 22 de febrero de 1913, convocó a los principales jefes veracruzanos para que se presentaran el día 2 de marzo en el pueblo de Los Andes. Una vez reunidos en la fecha concertada, el caudillo veracruzano describió los trágicos acontecimientos del día 22 que permitieron al traidor Victoriano Huerta usurpar la Presidencia de la República, allí les hizo saber cómo don Venustiano Carranza, Gobernador de Coahuila, había repudiado al gobierno ilegítimo de Huerta, resolución con la cual debían solidarizarse todos los auténticos revolucionarios para derrocar al usurpador. La consigna era clara: reclutar el mayor número posible de voluntarios, conseguir armas y parque, y concentrarse en San Antonio Pedral el día 6 de junio, con todos los contingentes. Días antes de la fecha señalada, los caminos que conducían a San Antonio Pedregal, también conocido como Soncuavital, vieron pasar a numerosos valientes provenientes de diferentes rumbos: la sierra, el llano, la costa; pero todos animados por un mismo fin: derrocar al usurpador Huerta. De los primeros en llegar fue Miguel Alemán González, al frente de ochenta revolucionarios. Los jefes del movimiento constitucionalista se instalaron en la casa de Lázaro Pablo, donde tendría lugar la asamblea; allí estaban reunidos Constantino Gilbert, Pastor López, Alejo Santos, Felipe Leal, Sotero Vargas, Onésimo Carvajal, José Jáuregui, Gregorio Molina, Andrés Ortiz, Marcelino Absalón Pérez y Marcelino Gutiérrez; al fondo detrás de una mesa de roble, se encontraban Hilario C. Salas, Miguel Alemán González y Pedro A. Carvajal, quienes presidían la reunión; las tropas, esperaban afuera. El General Salas habló entusiasmado, con voz vigorosa que contagió a todos los presentes; lo secundarían después Alemán y Carvajal. Todos acordaron firmar el acta y manifiesto a los cuales se había dado lectura. El acta se fechó en San Antonio Pedregal, y el manifiesto a la Nación, por razones de estrategia, se fechó en las faldas del volcán de Los Tuxtlas. A continuación se transcriben dichos documentos, ambos redactados por Hilario C. Salas y Miguel Alemán González.
ACTA: REFORMA, VERDAD Y JUSTICIA”.
MANIFIESTO A LA NACION: REFORMA, LIBERTAD Y JUSTICIA”.
Inmediatamente después de la reunión, el General Salas dispuso el plan de ataque a seguir: Pedro Carvajal se dirigiría a San Andrés Tuxtla, y él con Miguel Alemán González atacarían Catemaco; el asalto a ambos sitios, a pesar del reñido combate, favoreció a los revolucionarios. Logrado este primer objetivo, Hilario Salas instaló su cuartel general en Ocotal el Grande. Ahí arengó a sus tropas, dándoles a conocer que en adelante la columna se denominaría “Mixta Morelos”. Asimismo, hizo algunos nombramientos, ascendiendo a Miguel Alemán González al grado de Mayor y encargado de la Secretaría, por su destacada actuación en la primera contienda. Para facilitar el sostenimiento de la tropa, se establecieron los siguientes campamentos:
Pedro Carvajal y Sotero Vargas, formarían otra columna, y Miguel Alemán González, Silvano González y Marcelino Absalón, se quedarían en el Cuartel General. Los enfrentamientos con los federales fueron continuos. Triunfos y derrotas se alternaban, pérdidas de vidas humanas y captura de prisioneros, eran el saldo de cada batalla. Hueyapan, San Juan Súgar, El Palmar, San Antonio Pedregal, etc., fueron algunos de los escenarios de reñidas batallas. La “Mixta Morelos”, al mando del General Salas, era una verdadera pesadilla para el gobierno huertista. A mediados de febrero de 1914, el Mayor Miguel Alemán González fue reconcentrado en Ocotal el Grande para curarse de paludismo, pues se temía que de no tratarse seriamente, habría un funesto desenlace. Mientras tanto, la Columna “Mixta Morelos”, hacía nuevos recorridos por la sierra. En una de estas incursiones, camino a Ocosotepec, cerca de Acayucan, el General Salas, que se había desprendido de la Columna con sólo tres de sus hombres, recibió una intempestiva descarga cerrada que le segó la vida, sus acompañantes Marcelino Absalón y Santiago Flores sólo resultaron heridos, el primero en el pómulo derecho y el segundo en la mano izquierda. La emboscada que le tendieron los soldados huertistas –según se supo después- ocurrió el 21 de febrero de ese mismo año. La noticia de la muerte del General Hilario C. Salas, el gran caudillo revolucionario, corrió rápidamente cubriendo de luto a toda la región. Dos meses después, en el Cuartel General de Ocotal se reunieron todos los cabecillas de las fuerzas revolucionarias veracruzanas con el fin de elegir al sustituto del Gral. Hilario Salas; unánimemente se votó por el Mayor Alemán González. A partir de entonces, la Columna “Mixta Morelos” tuvo un nuevo jefe. El junio de 1914, la Comisión revolucionaria que integraban el Gral. Domingo León, Agustín Robles del Campo, José M. Leyva y Francisco Serrano, pasó revista en “Los Mangos” a las fuerzas de Alemán, recopiló información sobre el desarrollo de la lucha en la zona, giró instrucciones para las próximas campañas y, en reconocimiento a sus méritos, otorgó el grado de Teniente Coronel al entonces Mayor Miguel Alemán González. El 8 de agosto de aquel año, después de tomar la plaza de San Andrés Tuxtla, el Teniente Coronel Miguel Alemán González, por órdenes superiores, se incorporó Antonio Portas, con el grueso de su Columna, el Teniente Coronel Miguel Alemán González abandonó San Andrés para batir al enemigo atrincherado en San Juan Evangelista, Acayucan, Santa Lucrecia, Minatitlán y Puerto México, logrando así el dominio de toda la zona por las fuerzas constitucionalistas y estableciendo en aquel puerto su Cuartel General, con el cargo de Jefe de Armas de la Plaza. En octubre de ese mismo año, el Coronel Alemán pasaría a depender del General Cándido Aguilar, Jefe de la 1ª. División de Oriente y Comandante Militar de Veracruz, quien ordenó que la columna “Mixta Morelos” se trasladara a Puebla para incorporarse a las fuerzas que guarnecían aquella Plaza. A finales de ese año, el Coronel Miguel Alemán González obtuvo un triunfo espectacular en Apizaco, haciendo huir al enemigo. La lucha revolucionaria, sin embargo, por momentos tomaba rumbos inesperados debido a que diferentes grupos se empeñaban en asumir el liderazgo, anteponiendo intereses personales al éxito del movimiento. Precisamente a Miguel Alemán González correspondió, por órdenes superiores, detener a su antiguo amigo y correligionario el General Pedro Carvajal, quien coludido con los villistas pretendía tomar Jaltipan. Los otrora compañeros de armas hubieron de enfrentarse y, tras enconada batalla, murió Carvajal y sus tropas fueron vencidas. Cumplida esta misión, el Coronel Alemán González se reincorporó a la División de Oriente, acantonada en Perote, donde recibió la orden de trasladarse a Apizaco y ponerse a las órdenes del General Álvaro Obregón. De Apizaco, donde ocupó el cargo de Jefe de la Guarnición de la Plaza, el Coronel Alemán González pasó con sus fuerzas a Otumba, con el mismo cargo, para posteriormente continuar hasta Celaya, en donde las tropas constitucionalistas librarían las batallas que les darían el triunfo definitivo contra los villistas. En estas batallas, ocurridos los días 13,14 y 15 de abril de 1915, el Coronel Miguel Alemán González tuvo una participación decisiva. Prueba de ello es que el General Álvaro Obregón lo envió días después en auxilio de la Plaza de Pachuca, defendida por el General Agustín Millán, quien le encomendó desalojar al enemigo de la Estación de Tello; misión que cumplió fielmente Alemán González derrotando a los enemigos. Al regresar a Pachuca, el General Millán, demostrándole el reconocimiento a su valor, lo nombró Jefe de la importante Plaza de Tula. Por esa época, el Coronel Alemán González consiguió que su familia se estableciera en Orizaba, ciudad donde sus hijos Miguel, Antonio y Carlos podrían recibir una mejor instrucción. Mientras tanto, durante el tiempo que estuvo al mando de la Plaza de Tula, ésta fue atacada en repetidas ocasiones, pero siempre pudo rechazar al enemigo. Posteriormente, bajo las órdenes del General Millán, intervino en el frustrado intento de tomar la Ciudad de México, regresando a Tula. Poco después se concentraría en Tuxpan, donde recibió el ascenso a General Brigadier, por disposición de don Venustiano Carranza, el 20 de enero de 1916. En octubre de ese mismo año fue designado Jefe de la 6ª Brigada de 1ª División de Oriente, con sede en la propia ciudad de Tuxpan. De ahí salió para combatir a Manuel Peláez, a quien derrotó después de un mes de perseguirlo por toda la sierra. Otro tanto hizo con Francisco Rabatté y Chauz que operaban por el rumbo de Nautla. En junio de 1917, por órdenes del Subsecretario de Guerra, General Juan José Ríos, se trasladaría a Tuxtepec, Oaxaca, para hacerse cargo de la Brigada “Benito Juárez”, de la 21ª División. Meses más tarde y después de restablecerse de una enfermedad que lo tuvo inactivo en Puebla, fue designado Jefe del 5º Sector de Tierra Blanca, con el fin de que pacificara esa región y combatiera a Pafnuncio Martínez. Posteriormente, ocupó las Jefaturas de los Sectores Militares de Tuxpan, San Andrés Tuxtla y Jalapa. Tras proclamarse el Plan de Agua Prieta, mismo que desconocía a don Venustiano Carranza como Jefe del Poder Ejecutivo de la Federación, Miguel Alemán González solicitó licencia para trasladarse con su familia a la Ciudad de México, firmemente resuelto a brindarle su apoyo incondicional a don Venustiano Carranza, Presidente Constitucional de México. La difícil situación que imperaba, se agravaría mucho más con la noticia del asesinato del Presidente Carranza, ocurrida el 21 de mayo, en el pueblo de Tlaxcalantongo, Puebla. El General Alemán González, como todos los leales carrancistas, fue relevado de toda comisión y hostilizado hasta que, gracias a la influencia del General Salvador Alvarado, fue designado Jefe de la Aduana en Tuxpan, Veracruz; sin embargo, por las constantes intrigas de que era objeto, se vio obligado a renunciar muy pronto, trasladándose nuevamente a la Ciudad de México. Desde entonces, solo y errante, se dedicó a defender con las armas al constitucionalismo que habría encabezado Carranza librando batallas en los ex-cantones de Acayucan y San Andrés Tuxtla, mismo que conocía como la palma de su mano. Su desesperación era tal que decidió viajar a San Antonio, Texas, con el fin de convencer al general Cándido Aguilar, yerno de Carranza, para que regresara al país y encabezara la lucha contra quines habrían desconocido a Venustiano Carranza. Al no lograr su propósito, decepcionado, después de múltiples accidentes y sufrimientos llegó a Veracruz, acompañado de su fiel amigo Absalón Pérez, con quien había hecho el largo recorrido. Disfrazados de vendedores, atravesaron todo el Estado, encontrándose en Piedra Labrada con el Coronel Donaciano Pérez, quien aceptó secundar sus propósitos de defender al constitucionalismo. Durante algún tiempo los tres se dedicaron por separado a reclutar adeptos. Reunidos un buen grupo de voluntarios, la mayoría viejos amigos de la región, Miguel Alemán González estableció su campamento en La Candelaria. Meses después, el General Guadalupe Sánchez, por entonces jefe de Operaciones de Veracruz, llegó a la zona tuxtleca con una poderosa columna, decidido a exterminar al General Alemán González y sus seguidores. En Buena Vista, cerca de La Candelaria, se entabló una terrible batalla en la que, si bien no hubo triunfador, el General Sánchez viose obligado a abandonar la región. Posteriormente se incorporó al grupo constitucionalista el General Nicolás Céspedes, lo cual significaba refuerzos para las tropas alemanistas que, en San Juan Evangelista, habían vencido a los federales, comandados por el General Reyes. Sin embargo, al poco tiempo se suscitaría un altercado entre Alemán y Céspedes, pues este último pretendía adoptar la causa de Félix Díaz, divergencia que provocó su separación. Después de la malograda tentativa por ocupar San Juan Súgar, el General Alemán González afrontaría en Los Mangos un sorpresivo ataque de las fuerzas federales, perdiendo la vida en esa acción el Coronel Donaciano Pérez y desalojados de su campamento los constitucionalistas, quienes hubieron de refugiarse en Zapoapan. Días después, en Corral Nuevo, cerca de Catemaco, nuevamente sufrieron la acometida de los federales, al mando del Teniente Coronel Santoy, pero las fuerzas alemanistas, en esa ocasión comandadas por Absalón Pérez y Silverio Pablo, doblegaron al enemigo. En diciembre de 1923, declarada la rebelión Delahuertista, en contra de la candidatura de Plutarco Elías Calles, e instalado su gobierno provisionada en el Edificio de Faros del Puerto de Veracruz, propusieron al General Alemán González se uniera al movimiento. El caudillo veracruzano se negó en principio, a reserva de lo que opinasen sus correligionarios. Una vez reunido con éstos, acordaron rechazar su apoyo al gobierno del General Obregón quien promovía la candidatura de Calles. Este, apenas tuvo noticias de la adhesión del General Alemán González, giró órdenes para que se le facilitara toda clase de pertrechos y elementos; al mismo tiempo dio indicaciones al militar veracruzano a fin de que se pusiera a las órdenes del General Juan Domínguez, quien tenía su Cuartel General en Santa Lucrecia, Veracruz. A partir de entonces, el General Alemán González participó activamente en la campaña contra el Delahuertismo, hasta que, vencido éste, recibió órdenes de establecer su Cuartel General en Nopala, de donde fue llevado a la Capital para manifestarle el reconocimiento del Gobierno Federal por su estimable servicio en la lucha contra los reaccionarios. Asimismo, se le designó Jefe de la Guarnición de Jalapa y luego de la Ciudad de Tepic. En 1924, el Distrito Electoral de San Andrés Tuxtla, que abarcaba la zona donde el General Alemán había defendido, desde 1906, los ideales de la Revolución, le ofreció la candidatura para Diputado local, misma que aceptó después de comprobar que tenía el apoyo casi unánime de la ciudadanía. Realizada su campaña, en la cual recibió el apoyo de los grupos más importantes y con mayor fuerza, llegó el día de las votaciones, cuyos resultados le fueron ampliamente favorables. A partir de entonces, el nuevo diputado Tuxtleco se dedicó a hacer todo lo que le era posible en beneficio de su Distrito. A principios de 1927, ante la proximidad de las elecciones presidenciales, empezó a hablarse con insistencia de la reelección del General Obregón, empero los diputados de la H. Legislatura del Estado de Veracruz manifestaron su total desacuerdo, pronunciándose a favor de la candidatura del General Arnulfo R. Gómez. El 23 de junio de ese mismo año, la Convención del Partido Nacional Antireeleccionista declaró al divisionario Arnulfo R. Gómez su candidato a la Presidencia de la República. De inmediato los diputados que lo apoyaron fueron desaforados y se extendió una orden de aprehensión contra ellos, de la cual sólo pudieron librarse mediante oportuno amparo. Ante tales circunstancias el General Miguel Alemán González se marchó a la sierra de Soteapan en actitud de franca rebeldía, ante el intento de reelección de Álvaro Obregón. El asesinato del General Álvaro Obregón, ocurrido el 17 de julio de 1928, sólo desencadenaría aún más violencia, complicándose la situación en todo el país. Al Estado de Veracruz llegó un gran contingente al mando del General Miguel M. Acosta con el propósito de hacer frente a los sublevados, quienes se encontraban muy divididos y sin la fuerza necesaria para oponer una efectiva resistencia. Así, el 20 de marzo de 1929, en la Sierra de Soteapan, en un lugar llamado Mata de Aguacatilla, el 78º Regimiento al mando del General Pafnuncio Martínez, sorprendió al General Miguel Alemán González y sus hombres, quienes venían esquivando a las fuerzas federales ya por varios días. Cercaron al pequeño grupo que encabezaba el caudillo veracruzano e hicieron fuego desde distintos puntos. El General Alemán González, percatándose de que no tenía más alternativa que rendirse o morir combatiendo, se mantuvo en su puesto hasta el último momento, decidido a ofrendar su vida por los ideales de la Revolución Mexicana, sacrificio que ningún modo fue estéril, pues finalmente triunfaría en el país la causa de la NO REELECCION. POR: Bajo la dirección del México, 1987 |